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martes, 15 de diciembre de 2009

VUELTA AL PIOJOSO


-Pues mira, ésta del meñique es para la oreja, que a veces me pica y no veas que gusto, y ésta...

-Pa la nariz, que tú la guitarra no la tocas. Mira que eres guarro, no vuelvo a darte la mano así me ahorquen.

-¡Coño, Paco! ¡Que me las lavo! También eres tú cabrón. -Bajito está rojo de vergüenza ante el comentario del Piojoso. Esconde la mano que hasta hace un momento aireaba orgulloso mientras explicaba los quehaceres de sus dos uñas más largas. Estoy con el Piojoso, Bajito es una guarro. Lo que tiene guasa es que sea el Piojoso quien lo diga. Y también tiene su aquel que Bajito siempre dé pie a los demás para meterse con él. A veces sospecho que lo tienen ensayado para cuando entra alguien. Y eso es justo lo que acabo de hacer yo: entrar y después de varias semanas sin hacerlo.

-Qué cojones te las vas a lavar -escupe el Piojoso tras echarme un vistazo por el rabillo del ojo. ¡Menuda mirada! Si me la echa de frente, me desintegra en el sitio-. Cuando vas a mear aquí, no tocas ni el grifo.

-¿Cómo que no? -susurra Bajito cada vez más rojo-. Sí que me las lavo, lo que pasa es que tú no me ves.

-¡Qué no, coño! -replica el Piojoso dando una palmada sobre la barra-. No hay jabón y el secador hace meses que no va y tú siempre sales con las manos secas.

Ahí ya no me puedo contener y suelto la carcajada. El Piojoso se gira hacia mí como una serpiente. Intento disfrazar la risa de tos a la vez que me hago el distraido, como si la cosa no fuera conmigo. Como si no hiciera días, muchos días, que no aparezco y sólo estuviera esperando mi café... Lo llevo claro.

-Mucho tiempo, ¿no? -el tono del Piojoso es suave y más falso que el beso de Judas.

-Bueno, sí. Verás, he dejado de fumar y venir por aquí me daba unas ganas que apenas conseguía controlar y pensé que... -mi farfullo se pierde en el silencio denso del bar. Todos los ojos están dirigidos a mí y, casualidad o no, todos dan unas hermosas y profundas caladas a sus pitillos. Todos menos el Piojoso que no está fumando. Pero le pone remedio. Antes de seguir hablando, se enciende uno con parsimonia.

-Ya, y has vuelto a caer.

-No, no. Sigo sin fumar -intento sonreír, pero desisto. al fondo del local solo hay humo y ojos entornados que me observan-. Lo echaba de menos -digo haciendo un gesto que abarca el bar.

-Normal -interviene Bajito que nunca aprenderá-. Somos cojonudos, ¿verdad, Paco? Y nos echaba de menos.

Le daría un beso a Bajito si no fuera porque no estoy vacunado contra el tétanos. Acaba de cagarla otra vez rompiendo la tensión. Un poco más y ...

-Tú si que eres cojonudo, joder. Tú y tus uñas. Lo que echa de menos es el tabaco -concluye el Piojoso con un gruñido. Pero se acerca a la cafetera y al cabo de unos minutos yo tengo mi café y los demás vuelven a lo suyo, dejándome estar.

El Piojoso se equivoca, no es el tabaco lo que echo de menos (bueno, algo sí), es el café que hace el jodío. Me llevo la taza a los labios y lo saboreo. ¿Cómo lo hará? Procuro controlarme, me costará algo de tiempo, pero volveré a integrarme cueste lo que cueste. Este café vale la pena, ya lo creo.

Publicado el 21 de octubre de 2009 en Letras para Soñar.

domingo, 13 de diciembre de 2009

ZOMBIS CON ANDADOR


Él viste un polo azul de manga corta con dos rayitas grises en el cuello y la figura de un animal a la altura de la tetilla izquierda...

(¿Nunca os habéis preguntado si existe una relación entre el animal-logotipo de la prenda y su dueño? Cocodrilos, perros, caballos, delfines, ...)

...El vientre sobresale por encima de un cinturón negro que pide socorro y cede el paso a un pantalón azul marino. Rematan el conjunto unos zapatos negros de los llamados castellanos.
Le falta pelo en la coronilla y sonrisas en las arrugas de los ojos y las comisuras de los labios. Tiene la mirada perdida y la boca entreabierta como si le faltara el aire. En la mano pende un cigarrillo que humea, olvidado.

Ella luce una blusa floreada que, aunque holgada, apenas disimula el generoso y decadente pecho. Una falda verde y prieta, bajo la que marcan líneas unas bragas amplias, amplísimas, se interrumpe en las rodillas. Desde allí se distinguen unas pantorrillas níveas y polláceas rematadas por unos pies anchos embutidos en zapatos negros de tacón cuadrado.
Tiene un cardado psicodélico que haría las delicias oníricas de un hippy -¿quedará alguno?- y le sobran arrugas que el maquillaje destaca con crueldad. Mira al frente con fijeza y lleva los labios fruncidos.

Pasean cogidos del brazo, cada uno inmerso en su mundo y ajeno al otro.

-Por eso no me he casado -suelta con parsimonia el Piojoso.
Me vuelvo algo sobresaltado, me había dejado llevar por la visión de la pareja, nada nuevo la verdad. Lo de la pareja quiero decir, pero no dejo de sentir fascinación cada vez que veo una así.
-¿Eh? -digo curvando el labio, consciente repentinamente de donde estoy: bar del Piojoso tomando una caña a media mañana de un domingo, porque mi bar de los festivos está cerrado. Normalmente, al Piojoso solo voy entre semana y cuando el sol apenas raya el horizonte. A esa hora las sombras dan un tinte sobrenatural al mal iluminado local, a las doce del mediodía no es más que un antro mugriento.
-Que por eso nunca me he casado -repite el de la barra, alejándose para servir una cerveza que le acaban de pedir. Levanta la voz incluyendo a todos en el comentario. -Ves uno de esos matrimonios que llevan años casados y te alegras de ser soltero.
-¡Ah! -decimos varios en plan solidario-. No soy el único que no tiene ni idea de por dónde va a salir, pero un partido de fútbol en el televisor acaba diluyendo la atención.
El Piojoso esboza una media sonrisa borde y mientras se enciende un cigarrillo, nos observa a todos.
-Lo digo por lo de follar -afirma al cabo de un rato.
Ahora sí que tiene nuestra atención, el sexo siempre vende.
-Coño, esos ya ni tienen ganas, solo hay que verlos cogidos del brazo como si llevaran un andador. Lo único que les queda son los miedos y por eso necesitan al otro: su andador. A buenas horas me caso yo para eso. Me gusta pegar un polvo más que a un tonto una tiza. Zombis -sentencia-, eso es lo que son, unos zombis. Lástima me dan.
Alguno de los presentes carraspean incómodos, seguramente saben lo que es llevar un andador.
-Pues que se lo monten con otro -clama uno del fondo. No consigo distinguir quién.
-¿Con otro? No tienen ni ganas, están tan cagaos que no sabrían qué hacer -dice el Piojoso negando con la cabeza.
Los demás asienten diciendo que eso es verdad, que no sabrían qué hacer. Me temo que algunos hablan por experiencia. La conversación no prende y no solo por el partido. Creo que la mayoría, si están en el bar, es precisamente para no pensar en esas cosas. El Piojoso no insiste y acaba fregando unos vasos sobre los que deja caer la ceniza del pitillo que lleva entre los labios.

Cuando salgo, veo a la pareja de antes que vuelve por la acera de enfrente. Ella sigue con los labios fruncidos y él juguetea con el cigarrillo. Zombis con andador, pienso. Va a ser verdad.

Publicado el 20 de septiembre 2009 en Letras para Soñar

martes, 8 de diciembre de 2009

DESPEDIDA


Hoy es la primera vez que yo recuerde, que me tomo una copa de cazalla de buena mañana. Y mis buenos lagrimones me ha costado tomármela, pero tocaba cumplir.

Cuando entro el silencio es más profundo de lo normal, pero como estoy bastante apagado -un mal sueño, malo de verdad- tampoco presto demasiada atención. Apoyándome en la barra tras emitir un gruñido, doy la espalda a los habituales y me dejo absorber por los juegos de sombras del exterior mientras aguardo mi café. El único pensamiento que me ocupa en estos instantes es cuánto maldigo la hora en que dejé de fumar hace ya cinco meses, y es que en momentos como este, aún lo deseo. Y mucho.

Oigo como el Piojoso se acerca por la barra, tiene un carraspeo inconfundible, y un leve golpe sobre la madera delata que ya tengo lo mío. Me giro buscando la taza -un buen trago de café amargo me vendrá bien- y me encuentro con una copa llena de un líquido transparente y espeso. Al levantar la vista, extrañado, me taladran los ojos del Piojoso, de Bajito, de Ismael y de otros cuantos habituales. Todos tienen una copa en la mano y todas se alargan hacia otra que reposa en la barra sin dueño. Frunzo el ceño unos instantes hasta que caigo en la cuenta: ese era el sitio de Larguirucho. No me entretengo y levanto mi copa ofreciendo mi tributo junto con los demás. Curioso como a todos el quemazón del líquido nos provoca unos lagrimones del tamaño de puños. Tras la cazalla, tomo mi café y sin proferir palabra, salgo del silencioso local recordando a Larguirucho, su humor negro y lacónico, su habla pausada y su sentencia favorita: -Es la espera lo que me está matando.

Va por ti.
Entrada publicada el 14 de septiembre 2009 en Letras para Soñar.

viernes, 4 de diciembre de 2009

LA PASTA DE DIENTES


-¡Qué me lave los dientes va y me suelta! No abulta ni esto la cría de los cojones. -La mano, cuadrada y gruesa, oscila a la altura de la abultada barriga de su dueño, por lo que calculo que tendrá unos seis o siete años. La cría me refiero, no la barriga que esa ya ha visto mundo, ya. El hombre vuelve a apoyarse en la barra, prácticamente se acuesta en ella abrazando el carajillo con mimo. Por la edad que tiene, infiero que la pequeña insolente debe ser su nieta.

-Pues lávatelos, hombre, que con lo que le pegas, la chiquilla te verá doble -interviene el Piojoso-. La estarás traumatizando.

Los demás se ríen, pero no demasiado. Para mí que la mayor parte de los habituales necesitaría un manual de instrucciones sobre cómo manejar un cepillo de dientes, y eso incluye al Piojoso.

-¡Pero si me los lavo! -ruge indignado el abuelo-. Toas las mañanas cojo el bicarbonato y me refriego a base de bien. La parienta dice que armo un montón de jaleo, que si me he vuelto loco. -Pega un trago cauteloso al carajillo seguido de otro más largo-. Le digo que no, que es por la cría. -Menea la cabeza-. Y pa na. Te huele la boca, Yayo -remeda el hombre a la niña mientras compone una mueca de disgusto-. No te voy a dar más besitos. ¡Bah! ¿Quién los quiere?

-Lávatelos con pasta, coño, el bicarbonato es para cuando tienes acidez -interviene Bajito-. Con la pasta no te olería el aliento.

-¿Pasta?

-Sí. joder, pasta de dientes. La Colgate o una de esas. Huelen bien, a mí me dan ganas de comérmela.

-¡Quía! -exclama el abuelo-. Eso es como comerse un chicle y a mí no me gusta el chicle. Mi padre se los lavaba con bicarbonato tos los domingos pa ir a misa y le iba bien. -Suspira con resignación-. Ya no me da ni besos.

-Venga, tonto -ríe el Piojoso-. Yo te daré uno si quieres.

Las risas se mezclan con gritos de ¡Con lengua, con lengua! a lo que el Piojoso saca a pasear una "sin hueso" entre blanquecina y amarillenta que quedaría de miedo en una película de zombis. El abuelo de repente animado, se une a las risas y le espeta al Piojoso que adelante con el beso, pero que espere a que se baje el pantalón que lo quiere en el culo. Ahí apuro el café y decido marcharme. No por nada, pero lo último que me apetece es empezar el día con la imagen de un trasero arrugado. Y por las risotadas y palmas que rebotan contra la puerta mientras la cierro, creo que he hecho bien.
De todas formas, apostaría los ahorros de mis vecinos a que el abuelo se compra la pasta de dientes. Hay cosas que no tienen precio y los besos de una nieta son una de esas cosas.


Publicado el 11 de septiembre de 2009 en Letras para Soñar.

lunes, 30 de noviembre de 2009

LA VUELTA DEL PIOJOSO


-Hostia, macho, que oí ayer que ha bajado el consumo en los bares más de un ocho por ciento -Las cejas de Bajito se alzan en busca del pelo hirsuto que corona su cabeza-. A ver si ahora te vas a arruinar -concluye con una sonrisilla borde.

Hoy ha abierto el Piojoso de nuevo sus puertas. En agosto hasta el diablo se toma vacaciones, ...
Estas son de verdad, no las de julio que "le obligaron".

... y no me parece buena idea tocarle la fibra al dueño el primer día. Claro que Bajito nunca se ha distinguido por su prudencia. No sé si al amo del garito, que por cierto sigue igual que antes de irnos, al garito me refiero y también al Piojoso, ahora que lo pienso, se le puede aplicar aquello del síndrome postvacacional o cómo quiera que se llame. Pero sí que hay algo que le afecta y es que se cachondeen de él.

-Pues mira tú por donde, sí que lo sabía. -El Piojoso sonríe y todos sabemos que cuando lo hace es para enseñar los dientes con que te va a arrancar la cabeza. Bajito no va sobrado de luces, pero hasta él reconoce el gesto. Levanta las dos manos en actitud defensiva.

-Era coña, hombre, por hablar de algo. -Con la mirada busca cómplices entre los cuatro gatos que nos acodamos en la barra. No los encuentra.

-Pero no te preocupes, que eso ya lo he resuelto -añade el Piojoso con satisfacción-. Y bien resuelto.

Bajito le pregunta no menos de cinco veces a qué se refiere, pero el otro no suelta prenda. Me pregunto si se dará por satisfecho con haber mosqueado al simple de Bajito o le tiene alguna guardada. Como pasan los minutos, ya me he acabado el café y no parece que haya más que ver, estamos todos con el trauma aburrido de volver a la normalidad, dejo mis monedas sobre la barra, suelto un gruñido y voy hacia la puerta.

-Oye, que te has equivocado -oigo de pronto a Bajito. Me giro y le veo con la mano abierta contando el cambio que le acaban de dar-. Me has cobrado uno cincuenta por el tocado.
-Eso es -asiente el Piojoso-. Los precios han subido un diez por ciento, así me importa una mierda que baje el consumo un ocho por ciento. Aún le sacaré beneficio. -Y suelta dos carcajadas interrumpidas por el ronquido de una tos rota. Sigue sonriendo mientras se lleva el cigarrillo a los labios. Bajito abre y cierra la boca sin saber qué decir. Vuelve a buscar cómplices en la barra y sólo encuentra risas contenidas.

Yo echo un vistazo a las monedas que he dejado sobre la barra y a punto estoy de volverme para poner lo que falta -diez céntimos, calculo- cuando la mirada del Piojoso se cruza con la mía.

No hace falta que pongas nada, Bajito acaba de pagar por tocarme los cojones, dicen los ojos entrecerrados tras las espiral de humo. Ahora lárgate y no vayas a decir por ahí que he subido los precios.

Doy media vuelta y salgo a la calle. Este tipo, el Piojoso, no puedo dejar de sentir cierta admiración oscura por él.

Publicado el 8 de septiembre del 2009 en Letras para Soñar

jueves, 26 de noviembre de 2009

LAS MATEMÁTICAS NO ENGAÑAN


-Es una proporción inversa, si mal no recuerdo mis matemáticas, la relación entre la cabeza y el culo. -Toma un trago lento de su copa, tan lento que un par de gotas se columpian en la sonrisa algo borde y muy, muy cansada de Larguirucho. Me alegra verle, la verdad, cierto que tiene la caducidad impresa en las pupilas, pero lo lleva con entereza, al menos cuando está en el Piojoso. Los demás le respetan, hasta Ismael "el Sabio", tan pagado de si mismo como intolerante con las opiniones ajenas si contradicen las suyas, parece contenerse cuando habla Larguirucho. Intuyo que en su caso lo hace porque sabe que la situación es temporal, que recuperará el escenario en poco tiempo.

-¡La cabeza y el culo! -exclama Bajito tras el breve silencio que acoge mi llegada-. ¡Esa sí que es buena!
Su entusiasmo es algo sospechoso, con base más etílica que humorística. Un trago rápido y la inmediata exigencia de relleno, confirma mi impresión. Bajito ha decidido que hoy va a ver el día "doblao" y el que venga detrás que arree.

-¿Conoces esa proporción? -musita Larguirucho con su característica parsimonia.

Bajito le observa con los ojos muy abiertos para luego asestar una sonora palmada en la barra.
-¡Coño, claro! Hay quien tiene un culo por cabeza ¡¡Y está lleno de mierda!! ¡¡Ja, ja, ja!!

Alguna risa iniciada entre los de siempre, se ve interrumpida ante los chasquidos de desaprobación de Larguirucho.
-No, hombre, no, -dice finalmente cuando tiene a todos de nuevo callados-. Estoy hablando de una proporción inversa que demuestra el paso de niña a mujer. Fíjate bien, las crías son crías mientras tienen la cabeza más grande que el culo pero en cuanto veas que tienen el culo más grande que la cabeza... -Mira a su alrededor enarcando una ceja-. Ya tienes una mujer. Hay excepciones como en todas las reglas, pero compruébalo que no falla: cuanto más grande el culo con respecto a la cabeza, más años de mujer. Las matemáticas no engañan. -Exhibe una enorme carcajada silenciosa ante las expresiones boquiabiertas de todos. Yo doy gracias a que en el Piojoso sólo he visto una mujer hace ya tiempo. Hoy como casi siempre, solo hay hombres.

Alguno de los habituales al cabo de unos segundos (los que les ha costado asimilar lo que acaban de oír) se lleva la mano a la boca aguantando la risa como si fueran colegiales y eso le da a la escena un matiz algo surrealista. De pronto Larguirucho deja la copa sobre la barra junto a un par de monedas y musitando algo sobre que ya pasará luego, se marcha con un gesto seco de despedida.

-La hostia -dice Bajito al cabo de unos instantes-. Este tío es la hostia.

-Ya, y tú ahora a mirar culos - le acusa el Piojoso con una media sonrisa.

-Eso ya lo hace de siempre -interviene Ismael-. Me preocupa este -añade señalando con el mentón a la puerta-. Se le va la pinza. La relación entre la cabeza y el culo... -culmina con un bufido.

El Piojoso se encoge de hombros mientras el resto aparta la mirada.
-Más vale así -dice finalmente el de la barra-, al menos le echa humor al asunto.

Cuando ya me marcho, casi topo con dos figuras que están pasando por la puerta. Tras disculparme, las veo alejarse y tengo ocasión de comprobar la teoría de Larguirucho: una niña y una mujer. No cabe duda. Las matemáticas no engañan.
Me río como un tonto.
Los tiene bien puestos Larguirucho, bien puestos de verdad.


Publicado el 16 de julio del 2009 en Letras para Soñar

lunes, 23 de noviembre de 2009

Buitres y Retornos


-Y ahora les toca a los ellos, a los buitres.
-Pues no era más que pellejo y huesos por lo que dicen. Hasta calvo estaba.
-No le buscan a él -y Bajito frota el índice con el pulgar-. Y algunos de los peores la propia familia. ¡Menuda vida! Sin saber nunca quién te quiere.
-En eso tienes razón -dice Sabio sin demasiado interés apartando la mirada del televisor con imágenes de Michael Jackson bailando-. ¿Qué tal las vacaciones? -pregunta al Piojoso que anda a vueltas con un trapo gris con aspecto de haber sido camiseta en una vida anterior.
-Una mierda, me las he tirado aquí pintando y limpiando.
Las miradas de todos se cruzan y el interrogante pende mudo en el aire viciado: ¿Limpiando? ¿Pintando?
-El almacén, coño, que vino un inspector de esos de la higiene o la limpieza o cómo cojones se llamen, y me quería cerrar el bar. Así que de vacaciones nada, limpiando y pintando. Ya ves tú la falta que hacía.
Asiento con los demás cuando en su recorrido la mirada del Piojoso llega hasta mí. Luego, procurando no tocar la barra, increíble el polvo que se ha pegado sobre sus grasienta superficie durante las "vacaciones", dejo mis monedas y salgo a la calle, al calor infernal y húmedo de otro día de verano.
Aunque noto el sudor en la frente, sonrío satisfecho mientras me desperezo con disimulo. ¡Qué ganas tenía de que reabrieran el Piojoso!


Publicado el 7 de julio del 2009 en Letras para Soñar.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Larguirucho


Callejeaba por las sombras de los edificios evitando el calor asesino, cuando a punto estuve de tropezar con una figura que doblaba la esquina arrastrando los pies. Musité un disculpe algo irritado, y estaba a punto de reanudar mi regate al sol cuando reconocí a Larguirucho... o lo que queda de él. Tiene la piel tan tensa que parece una máscara barata para Halloween y el ardor de la mirada es sólo el fuego de la enfermedad, no el de alguien librando una batalla. Está vencido y lo sabe, aunque siga dibujando esa media sonrisa con la que parece decir que en el fondo todo es un chiste, de mejor o peor gusto, pero un chiste.

-¿Cómo va?- me espetó con voz rota.
-Bien -respondí-. Aguantando el calor -me pasé la mano por la frente.
-¿Sabes algo de este? -el gesto era inequívoco; preguntaba por el Piojoso.
-Pues que está de vacaciones.
-Ya -removió los pies, inquieto. Supe que deseaba estar allí: en el bar, con los suyos.
-¿Y tú? -dije sin pensar, por romper el silencio-. ¿Cómo va? -Me hubiera dado una bofetada nada más hacer la pregunta.
Me miró a punto de soltar una carcajada y antes de pronunciar palabra, yo ya sabía lo que iba a decir.
-Va bien, es la espera la que me está matando -y croó una risa hueca alejándose luego calle abajo.
Me quedé allí un rato con un sudor, que nada tenía que ver con el calor, recorriéndome la espalda. Nunca pensé que echaría tanto de menos al Piojoso.


Publicado el 1 de julio del 2009 en Letras para Soñar.

martes, 17 de noviembre de 2009

La Colmena o consecuencias del Cierre del Piojoso


-Estoy cuidando a mi padre, el pobre está muy mal y mi madre ya no está para estos trotes. No, ella está bien, pero ya tiene una edad. Sí, ponme un café con leche... Aquí se puede fumar, ¿verdad? Es que mi madre no me deja en casa, que el humo la hace toser... ¡Qué mala es la vejez!

-¿Has visto el auncio del R.I.? Sí hombre, lo del respostaje inteligente... Pues el viejo que sale me pone de los nervios, no lo soporto con la chorrada esa del R.I. ¡Yo qué sé! pero me pone...

-Tómate el zumo, cariño, que tenemos que irnos. Sí, a la escuela de verano. Te gustará, ya lo verás. Ahí harás amiguitos y sólo serán unos días. No, no puedo, cariño, tengo que trabajar. Papá tampoco, que se casa el mes que viene. Está muy liado... o eso dice. Venga, cariño, sólo serán unos días, lo pasarás bien.

-¡Sí! ¡Dígame! No le oigo, hay un follón aquí de cojones. Vale, vale, iré enseguida. Ahora estoy ocupado pero decuide que en cuanto acabe voy. Sí, ya sé que es urgente, no tardo nada. Hasta luego... Ponme un café y una copa. ¿Tienes el periódico por ahí?

-¿La crisis? No hay crisis, te lo digo yo. Esto es todo una mentira de las empresas para quitarse de encima personal a bajo coste. Luego renegocian los contratos a la baja, la gente tan contenta y ellos a ganar pasta. Te lo digo yo.

-¿Me paga un café? Sólo un café y un cigarrillo, sólo uno. Gracias, gracias. ¿Me da uno para luego?

El Piojoso está de vacaciones...
Publicado el 25 de junio del 2009 en Letras para Soñar.

sábado, 14 de noviembre de 2009

LO QUE ES ESTAR HASTA LOS COJONES


-Lo que es estar hasta los cojones. Lo voy a mandar todo a tomar por culo y el que venga detrás que arree. Que se lo queden todo, hostia. Que se meten con los de siempre: los de a pie, los que curramos de sol a sol para sacar cuatro perras que no dan para nada. Voy a decir que soy inmigrante y que me den la pasta y todo lo demás. O me voy al paro y a tocarme las pelotas. O me corto un dedo y, hala, inválido y a cobrar una pensión. Puta miseria, ponme otra copa y cargadita, o reviento a alguien.

La atmósfera se puede cortar con una cuchara sopera. Creo que todos hemos aguantado la respiración a la vez. El que ha largado hasta quedarse sin aliento es al que apodan Farias, por motivos obvios. Un tipo cincuentón con una barriga prominente y un gesto entre amargado y desesperado del que cuelga un sempiterno Farias que en raras ocasiones he visto humear. Nunca le había oído proferir palabra hasta esta mañana, se ve que las estaba ahorrando para soltarlas de golpe. Facilidad tiene el hombre cuando se pone, eso hay que reconocérselo.

-Venga, tranquilo que te va a dar algo -aconseja el Piojoso colocándole la copa delante.
-¿Tranquilo? Hostia, Paco, que me lleven la furgoneta por aparcar diez minutos en los inválidos... ¡Ah! y que el cabrón no me la quiso desenganchar, que ya estaba en marcha y que no había nada que hacer.
-Coño, te cagaste en sus muertos, eso siempre jode.
-Ya -replica enfurruñado Farias.
-¿Cuánto te han clavado?
Farias hace un gesto vago con la mano. Se ve que ha terminado con las palabras que tenía guardadas porque vuelve a ser el tipo taciturno de siempre. De hecho, engulle la copa, paga y se marcha de estampida sin decir ni mu.
El Piojoso menea la cabeza. -Es que este habla poco, pero cuando se suelta...
-No es bueno aguantarse tanto -asiente otro habitual.
-No, porque revientas y entonces la acabas jodiendo.
-Sí, y cuando más duele.
El Piojoso me dirige una mirada cargada de intención. ¿Tú no serás de esos? preguntan sus ojillos piturrosos. Sonrío de medio lado. Claro que no, dice mi gesto, mientras le pago. A fin de cuentas yo escribo, pienso saliendo a la calle, y bastante. Y eso deshoga, ya lo creo.


Publicado el 18 de junio del 2009 en Letras para Soñar

jueves, 12 de noviembre de 2009

SOPOR


Larguirucho está al final de la barra y tiene ceniza en el gesto extraviado mientras juguetea con la copa que tiene ante él. Sabiendo lo que le ocurre, no es difícil adivinar en lo que anda pensando.
En las mesas del fondo, los habituales reparten gestos en silencio, la mayoría de ellos dirigidos hacia una barra sobre la que el Piojoso se desmadeja con la expresión más hosca que de costumbre. Yo mismo estoy a punto de reclinarme, pero el temor a ser parasitado por algún hongo carnívoro me detiene a tiempo. A duras penas mantengo la vertical y es que hace un calor impertinente, pegajoso y sobón que aplatana al más animoso.

-¡Qué calor! -la puerta se ha abierto dando paso a Bajito. Nadie se molesta en contestar.
-Ya podías poner aire acondicionado -sigue Bajito, mosqueado ante la falta de respuesta.
-Ya tengo -replica el Piojoso tras dirigirle una aguda mirada de hastío.
-¿Ah sí?
-Pues sí, yo me doy aire sirviéndote a condición de que cierres la boca -y ladra una carcajada áspera y seca seguida de una tos húmeda y llorosa.
Los de las mesas sueltan alguna risita floja que deteriora deprisa en el sopor. Bajito termina por encogerse de hombros y acepta el café y la copa que le sirve el Piojoso. Este ha recuperado la expresión taciturna velada ahora, por el humo que asciende del cigarrillo recién prendido. Nada mejor contra la tos.
De camino a una mesa, Bajito pasa al lado de Larguirucho a quien le hace un gesto.
-¿Cómo va? -grazna, afectado ya por el aire espeso del interior del local.
Larguirucho frunce los labios y cabecea ligeramente sin decir palabra.
-¿Igual? -insiste Bajito con el tacto de una excavadora instalando un marcapasos.
-Peor -suelta al fin Larguirucho con una pequeña sonrisa-. Esta espera me está matando -suelta y se ríe con unas carcajadas que al final parecen sollozos. Bajito se queda sin saber qué responder y tras darle una palmadita vacilante en el hombro, va a sentarse a una mesa.

El bar vuelve a quedar en silencio y, notando que la camiseta se me pega a la espalda, decido marcharme. Hoy llevo un regusto amargo en la boca, será que el café era más fuerte que de costumbre. O quizás el calor mugriento que hace o el sentido del humor de un hombre que se muere. No sé.
Debería buscarme un bar con aire acondicionado para estos días.
Posiblemente lo haga.


Publicado el 18 de junio 2009 en Letras para Soñar

martes, 10 de noviembre de 2009

LA NUEVA


-Tengo un montón de monedas así -los dedos se unen bailoteando bajo las narices del Piojoso mientras este recoge varias monedas, menudas como botones, de la barra y se las ofrece devuelta a su dueña.
-Ya, pero yo no quiero las de un céntimo. A mí no me las traigas.
-Un montón así -los dedos siguen su danza ajenos al gesto impaciente del de la barra-. Y alguna de euro también. Más de una. -Los dedos se separan y sólo queda uno inhiesto, erguido y desafiante-. Y de dos, tengo una de dos.
-Vale, mejor para ti.
-Ponme un café -dice de pronto y los dedos se precipitan en un puño mientras su propietaria echa un rápido vistazo asustado a su alrededor. Parece ser de pronto consciente del lugar en que se ha metido. Toma las monedas que le ofrece el de la barra.
-Un café con leche. Poco café. La leche tibia. Dos sobres de azúcar -telegrafía la mujer con rapidez y precisión.
La espalda del Piojoso se contrae y juraría que una gota de sudor traza un surco con meandros por su nuca. Retira la taza pequeña en que iba a preparar el café solo (un café es un café solo, afirmaría después, indignado) y coloca una grande.
-No mucho café, que no puedo. La leche tibia pero que no queme. -La mujer de edad indefinida, aunque dudo que cuente los cincuenta, habla rápido con un extraño deje que no acabo de situar.
Quizás sea un defecto en el habla, no sé. Echa constantes vistazos a la calle donde un perrillo, un chucho, aguarda paciente sin quitarle el ojo de encima.
-La leche tibia, que me puedo quemar -repite con las manos ahora inmóviles a los costados. Ojea con desconfianza la barra, la mugre es más evidente estos días en que el sol ya casi veraniego, desvirga las mañanas con mayor ímpetu.
-Que sí, mujer. -El Piojoso está claramente alterado, odia que rompan su rutina matinal de cafés, copas y carajillos.

La mujer se retuerce las manos sin quitar la vista del café que le preparan, creo que no se fía lo más mínimo del dueño de esas manos ligeramente temblorosas. Ella parece tener algún tipo de problema. No podría asegurarlo, quizás sea simplemente encontrarse en el Piojoso lo que la altera. Yo he visto hombres hechos y derechos abandonar el local a punto de llorar para no volver nunca más.
Cuando tiene el café delante, lo examina con los ojos entrecerrados, luego lo olisquea ante la mirada asombrada del Piojoso que no sabe si reír o llorar. Por último, lo tienta llevándolo a los labios. Acaba asintiendo con la cabeza y percibo que el Piojoso, muy a su pesar, suelta un suspiro aliviado.
La mujer ya no vuelve a abrir la boca para hablar. Se toma su café, entrega un billete de cinco (otro suspiro aliviado del Piojoso que aguardaba un montón de monedas como botones de camisa) y, con una mirada entre altanera y asustada a quienes con mayor o menor disimulo la observamos, se marcha.
-Esa no vuelve -comenta uno de los habituales. Los demás asienten.
El Piojoso dice que mejor, que se vaya a dar por saco a otro lado. Pero es curioso, porque tiene las mejillas coloreadas y le brillan los ojos. Para mí que un poco de color no le desagrada en absoluto, por mucho que él crea que no.

Cuando salgo, la veo a lo lejos hablando con su perrillo. Mueve mucho las manos y el murmullo de lo que dice me alcanza pero es ininteligible. El perrillo se ha sentado en la acera y la observa con interés. Parece saber de qué va la cosa.
No, no creo que vuelva y bien que lo siento.


Publicado el 17 de junio de 2009 en Letras para Soñar.

domingo, 8 de noviembre de 2009

DIOS NO JUEGA A LOS DADOS


La mañana es pringosa y el balanceo de las aspas en el techo del bar sólo consigue remover un aire saturado y calentorro. ¡Menudo verano nos espera! El sopor es generalizado hasta que el de siempre lo rompe.

—Dios no juega a los dados —el sobrecillo de azúcar ondea entre dos dedos gruesos de uñas sucias—. Einstein —añade el dueño de esos dedos—. Albert Einstein, 1879-1955, un genio. Inventó la bomba atómica. —Sabio frunce los labios satisfecho mientras los demás asienten, luego abre el azucarillo feliz de haber impartido otra lección.
—Menudo hijo de puta.
—¿Eh? —Ismael, el Sabio, levanta la cabeza derramando el azúcar por la barra.
—Que menudo hijo de puta. —El que habla como si masticara gravilla es Larguirucho, un tipo nuevo que apareció hace cosa de diez días, aunque debían conocerle de antes porque se ha fundido en el paisaje de habituales sin problema alguno. Hasta esta mañana siempre se ha mantenido callado y serio, pendiente de su copa y de nadie más.
—¿Quién es un hijo de puta? —pregunta Ismael con los ojos entrecerrados.
—El “Insten” ese de los cojones. La bomba atómica, ¡vaya invento!
—No sólo fue la bomba, fueron más cosas como la energía nuclear y, y, y —Sabio golpea la barra para desatascarse—. Y más cosas que no entenderías. —Su rostro luce un rojo fresa que da algo de risa. Pero nadie se ríe, al menos no abiertamente.
—Sí, ya. Lo de que Dios no juega a los dados. No hace falta ser un genio para eso, si es que Dios existe, que para mí que no. Pero si existiera, ¿para qué va a jugar a los dados si ya se lo sabe todo? —Sonríe de medio lado mientras golpea suavemente la barra con la copa. El Piojoso se la rellena con un líquido espeso y blanquecino. Larguirucho se lo está pasando bien, la sonrisa le anima los ojos habitualmente tristones y ausentes.
—¿Que ya sabe qué? —farfulla Sabio.
—¡Que ya sabe las jugadas! Coño, Ismael, ¿que no estarás quedándote sordo? Je, je. Que si hay un Dios —y señala hacia arriba con un dedo nudoso—, no es a los dados a lo que jugará, seguro que tiene cosas mejores que hacer que preocuparse de nosotros. —Apura la copa y de pronto su mirada vuelve a apagarse—. Te lo digo yo —añade antes de marcharse dirigiendo un gesto de despedida a los habituales.
—Maldito ignorante, si no fuera por lo suyo…—la voz del Sabio se pierde y acaba dentro del café que se lleva a los labios.
¿Lo suyo? Me estoy preguntando qué será eso de lo suyo cuando el Piojoso, al cobrarme, me susurra: —Tiene cáncer, no hay nada que hacer —luego toma la moneda de la barra y va a servir unos cafés que le han pedido mientras yo me marcho.
Joder con el Piojoso, para una vez que me habla…
Publicado el 12 de junio del 2009 en Letras para Soñar.

viernes, 6 de noviembre de 2009

El Bar Piojoso y el Pequeño Saltamontes.



Murió David Carradine, actor protagonista de la serie Kung Fu. Lo hallaron colgado y desnudo...

-Apaga eso que no puede uno concentrarse en la partida -el comentario lo subraya el choque violento de una ficha de dominó contra la mesa.
El Piojoso baja el volumen hasta convertirlo en un susurro de abejas.
-Pues a mí me ha dado pena, aún me acuerdo de la serie esa de kung-fu -interviene otro de los jugadores.
Otra ficha revienta contra el mármol, su "asesino" entrecierra los ojos. Es de los que quiere a todos centrados en el juego. Nada de charlas.
-Sí a mí también- se suma un tercero desafiando al "revienta fichas" que no es otro que Ismael, el Sabio. Últimamente está en todas.
Este tuerce el gesto, pero no dice nada. Se ve que la partida no le va muy bien.
-Si es que morir nos toca a todos, pero casi me pongo a llorar cuando me enteré que se colgó... Joder, qué muerte tan perra, ahí solo en un hotel. No son fríos los hoteles ni nada, una vez estuve en uno y...
-¿Pena? -interrumpe el Sabio, ofreciendo el resto de fichas que le quedan al centro de la mesa, acaba de palmar y está cabreado-. Pena me dio a mí que se acabara el jamón que me regalaron por Navidad. Este se lo hizo él, ¿no? -subraya con un pulgar desdeñoso en dirección al televisor-. Pues ya se apañará.
-Mira que eres animal.
-Sí, pero si hubieras probado ese jamón lo entenderías.
Reparten las fichas y las palabras ceden paso a las primeras jugadas, las importantes de verdad, cuando los que juegan saben de qué va el asunto. Yo no lo sé y a decir verdad, me importa un carajo. En la pared del fondo, hay una imagen fija de Carradine mirándome a los ojos desde la pantalla muda.
Tengo un nudo en la garganta y no acabo ni el café.
Cuando me marcho pienso que el puñetero Sabio cada día me cae peor.

Entrada publicada el 5 de junio 2009 en Letras para Soñar.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

AUSENCIA


—Sí, joder, tú como todos, te crees también que cuando lo pasas peor es con el llanto, los gimoteos y los sofocones. Con todo el mundo a tu alrededor dándote abrazos y recordándote cuánto lo sienten por si acaso se te fuera a olvidar. Y venga todos a llorar y a quejarse. Y luego lo de las paladas —devora el humo del cigarrillo—. Eso sí que es jodío. La tierra cayendo y te la imaginas con gusanos y… —el compañero, más joven, avergonzado, con pena, pero más avergonzado que otra cosa, le aprieta el brazo. Él se lo sacude con brusquedad.
—Es como si se detuviera el mundo y lo pudieras ver todo y no vieras nada. Vale, coño, luego lo superas. Pero sí te digo una cosa, a mí cuando llegue el momento me quemáis y mis cenizas al mar. —El otro asiente en silencio.
—Es más tarde cuando empieza lo jodido de verdad. Acostarte y abrazar el aire, preparar el desayuno para dos, que te llamen para salir y digas que lo vas a consultar con la jefa, llegar a mediodía y olisquear buscando la comida, ver algo que te llama la atención y no poder comentarlo... Algunos empiezan a hablar solos, yo por ahora me aguanto con un mecagoendiós. —Ríe gruñendo y luego da una rápida sucesión de caladas que interrumpe una tos breve y seca.
—Tomarte unas copas de más y que no haya nadie para cantarte las cuarenta, despertarte llorando a las tres de la mañana, ir a por el pan todos los días y dejar que se ponga duro porque era ella la que comía pan. —Aplasta el cigarrillo echando una mirada de rabia al otro—. Lo peor ya pasó —canturrea remedando sin duda, algo que le han dicho hace nada—. La última vez que fui a ponerle flores le pedí que me hiciera un sitio, que me había quedado solo. Lo peor no pasa nunca, nunca. —Y calla prendiendo un nuevo cigarrillo tembloroso.
Yo, súbitamente consciente de que tengo la atención fija en ellos, paso apresurado la hoja del diario...

El Dilema: ¿Forlán o Villa?

...simulando estar a la mía, y poco a poco, el mundo a mi alrededor va recuperando colores y sonidos: tazas repicando sobre los platillos, vasos golpeando las mesas, cucharillas cantarinas, voces exigentes, el ir y venir… Y los dos de la mesa de al lado, a un metro escaso de la mía, se difuminan como un mal sueño. Cierro el diario sin ganas de leer más, apuro los posos de la caña y corro a la salida con ansias de sol, aire fresco y de darle un abrazo a mi mujer.


Publicado el 3 de junio de 2009 en Letras para Soñar.

martes, 3 de noviembre de 2009

Del Ojo a la Mano


—¡Del ojo a la mano! ¡Zas! Sin más. A veces ocurre, del ojo a la mano, es una reacción de animal, del instinto. ¡Zas! Del ojo a la mano.
Habla con su natural autocomplacencia, Ismael, alias el Sabio, nombre que casi todos le dan excepto el Piojoso (supongo que preferirá no meterse en el juego de los sobrenombres por si acaso) y yo mismo que prefiero pensar en él como el Pesadito. En cada ocasión que suelta el ¡Zas! surca el aire con la mano y parece un crío jugando a los avioncitos. Lo he pillado a mitad de discurso, como casi siempre, y es que por mucho que este tuerce letras madrugue, nunca encontraré el Piojoso por abrir. Las malas lenguas susurran que jamás cierra, que el dueño es el mismísimo Diablo que envuelve almas entre copas y cafés hasta llevárselas a su cubil. Otros afirman que no tiene a donde ir y que tanto le da está abierto que cerrado. Y por último están los que dicen que eso son soplapolleces y ganas de hablar. Sea como fuere, con el Sabio (léase el Pesadito) me ocurre con excesiva frecuencia el hallarle a mitad de parrafada con lo que siempre ando especulando en qué andará metido.

—Pues no le haría mucha gracia a tu mujer —gruñe Bajito, que mima su copa con la mirada enrojecida.
El Sabio hace un gesto despectivo. —Que no hubiera estado cerca, uno es lo que es. De joven era tan rápido que no había quien me ganara a reflejos. ¿Sabéis el juego ese de poner las manos bajo las de otro y darle hasta que consigue esquivar el golpe? Pues a este que habla se le ponían las manos rojas, pero de las leches que repartía.
—Ya, pero darle… —Bajito calla meneando la cabeza y nuestras miradas se cruzan. De pronto me duele el estómago y me pongo tenso con las palabras inacabadas de Bajito resonando: “pero darle…”
—¡Coño! La puta mosca no paraba de dar por culo, lo de la bandeja fue un accidente —se interrumpe unos instantes, pero a mí ya no me duele el estómago y hasta me entra la risa.
—¡Zas! Del ojo a la mano, teníais que haberlo visto, todo por los aires pero la mosca la tenía en la mano. Toda la tarde intentando pillarla y la tenía bien pillada ¡Zas! —y el avioncito que surca de nuevo el aire deteniéndose bruscamente a la altura del reloj de pulsera—. Me tengo que ir —murmura el Sabio, de pronto suena preocupado y farfulla no sé qué sobre el pan. Echa unas monedas sobre la barra y se marcha.
— ¡Qué coñazo es! —exclama Bajito—. Mucho presumir pero su mujer le montaría una buena ¡Menuda es esa! ¡Zas, zas, zas! —añade en tono burlón—. Seguro que lo tuvo recogiendo toda la tarde y ahora corriendo a por el pan que si no…
El dueño del Piojoso se le acerca inclinándose sobre la barra.
— ¿Quieres otra copa? —clava sus ojos piturrosos en los enrojecidos de Bajito.
Bajito encoge los hombros. —Vale —acepta al fin.
La copa pronto está a buen recaudo entre las manos bastas de Bajito que guarda silencio con la mirada ausente. Yo pago el café con la sensación de que a Bajito le queda poco, muy poco para visitar cierto cubil y me prometo andar ojo avizor. No me acaba de cuadrar un café tan bueno en un sitio como El Piojoso. A ver si va a ser verdad…


Publicado el 1 de junio del 2009 en Letras para Soñar

lunes, 2 de noviembre de 2009

El Tamaño Sí Importa


El habitual sale del cuchitril en el que se cobija una taza agrietada que se mantiene unida a fuerza de la mierda (nunca mejor dicho) que la impregna. Mientras se abrocha la bragueta a la vista de todos y acomoda las partes nobles, (las marquesas, vamos), expele un Jodeeeer clavando la mirada en el dueño del Piojoso. Este le mira de reojo rascándose la entrepierna con desgana.

No falla, esos magreos son contagiosos y me tengo que decir que a mí no me pica nada, así que quietecito con la mano.

-Jodeeeeer -repite el habitual ajustándose unas enormes gafas con montura de pasta. Pasea la mirada entre los presentes en busca de un cómplice. No lo encuentra. Ya comenté la sensación que tenía cada uno a esas horas, la de que ese día podía ser el primero de algo distinto y todos se aferran a la sensación el tiempo que pueden. A Gafas no le hacen ni caso.
El Piojoso ante su gesto descompuesto, acaba por soltar un Qué con un No me jodas a estas horas entre la Q y la U. Gafas, más animado, enfrenta las palmas de las manos y las separa a unos diez centímetros de distancia.

-Así, era así -sentencia.
-Pues si que la tienes pequeña -suelta otro de los habituales tras unos instantes de silencio en los que Gafas quiere crear "tensión".
Una carcajada seca recibe el comentario, risa a la que sigue un coro de toses. Se apagan unos cigarrillos mientras esputos indescriptibles pasean por las bocas. No llegan a asomar por los labios y prefiero no pensar en su destino. A continuación cigarrillos frescos toman el lugar de los consumidos. Gafas aprieta los labios algo molesto aunque enseguida se recompone.
-Una cucaracha, joder, una cucaracha así -repite y separa un poco más las manos.
-¿Así? -exclama el Piojoso de pronto interesado.
Gafas cabecea encantado de que al fin le hagan caso como Dios manda.
-Sí, te lo juro -y las manos se vuelven a separar un poco más-. Detrás de la taza.
-¡Ah! -dice el Piojoso muy serio-. Pues esa era la peque ¡¡¡Si te llega a pillar la grande te encula!!!- exclama dando una sonora palmada en la barra.
Esta vez las carcajadas son más intensas y duraderas. A fin de cuentas, este es el tipo que les pone el café y la copa todas las mañanas, mejor tenerlo de cara. De las toses mejor no hablar.
-Mira que eres cabrón -farfulla Gafas, cabizbajo.
-Pues si quieres, pasa al almacén -sigue el Piojoso en un raro, rarísimo acceso de humor-, ahí hasta juegan al fútbol y todo, las muy hijas de puta.
Las risas surgen de nuevo pero los esputos vuelven a hacer de las suyas así que notando un pequeño revuelo estomacal ( y os juro que soy bastante duro en ese sentido) pago el café y me largo, preguntándome por enésima vez que coño hago yo ahí.
El café, me digo mientras me alejo. Es por el café.

El café... ¿Lo guardará en el almacén?

Publicado el 26 de mayo del 2009 en Letras para Soñar

domingo, 1 de noviembre de 2009

El Puto Fútbol


-¡Dios, qué cantidad de mierda!

-Sí, los del fútbol estuvieron aquí.

-Pues son unos cerdos.

-Y unos cabrones que para cuatro cervezas que se toman, montan un follón de la hostia.

-Se creen con derecho a todo.

¿Para qué les pondrá el televisor? La pregunta es para mi coleto y me guardo muy mucho de expresarla en voz alta.

-El puto fútbol, ver a once millonarios corriendo detrás de un balón.

Risas, unas más sinceras que otras.

-Pues te espera una buena limpieza.

El dueño del Piojoso encoge los hombros. Yo también, la buena limpieza lleva aguardándole años. Para mí que se ha muerto durante la espera.

-Y este sábado se te llenará otra vez.

El Piojoso asiente con ademán compungido, pero juraría que hay una chispa en sus ojillos enrojecidos, la misma que tienen cuando abre la caja registradora.

-Ya te digo, el puto fútbol.

Vuelve a asentir con una sonrisilla que amenaza con mostrar los pocos dientes que le quedan. Pago a escape sofocando una carcajada que se troca en maldición al salir a la calle: con la distracción me he apoyado en la mugrienta barra y me va a tocar cambiarme de camisa.
-Puto fútbol -mascullo-. Por su culpa me acabo de joder una camisa.


Publicado el 15 de mayo del 2009 en Letras para Soñar.

sábado, 31 de octubre de 2009

Venganza II


-¿Y al final?

-Lo de siempre, se la comió y punto.

-Pues va diciendo que quien se la hace se la paga.

-Largar, larga el maricón, eso sí que se la da bien -encoge los hombros frunciendo los labios-. Na de na. Lo que yo te diga.

-Un poco bocas sí que es.

-Sí, pero na, mucho rollo y ya está. Un borrego, cuando la otra habla, este es un borrego.

El dueño del Piojoso asiente con una media sonrisa, entonces parece advertir mi presencia. Me saluda con un gesto vago y mi café aparece sobre la barra. No hay más conversación. No sé si hablaban de Ismael, el Sabio, pero me da que sí. Lástima no haber llegado un poco antes.
Publicado el 9 de mayo 2009 en Letras para Soñar.

viernes, 30 de octubre de 2009

Venganza


-La venganza es un plato que se toma frío -suelta Sabio rompiendo el silencio matinal.

Los cigarrillos se encrespan enrojecidos apaciguando el ansia de sus devoradores, mientras se remueven inquietas, tazas y copas que humedecen labios y alientos agrios.
Un comentario a esas horas raramente es bienvenido, anda uno todavía en que el día puede ser distinto, que al salir por la puerta podrían cambiar las cosas. Dejar atrás los cigarrillos, las copas y los cafés para siempre... El silencio es fundamental para que el sueño no se diluya. Pero es Sabio quien habla y, a qué engañarse, darle la espalda es como extender una invitación para que te clave la lengua hasta el mango.
Una serie de gruñidos asiente, algún carraspeo hasta tose un sí, eso es verdad y luego el silencio torna a instalarse. Ya no con la calidez de antes, pero si hay suerte y se pega uno un trago del denso brebaje de la copa, quizás consiga recuperar ese instante mágico del "hoy podría ser un gran día".
Vano intento.

-Y UNA MIERDA -la palmada en la barra que corea el exabrupto, arranca suspiros y miradas al cielo. Hoy nada va a ser diferente. Quizás mañana...

El dueño del bar El Piojoso se pone en marcha, él también sabe que de pronto la mañana se ha tornado dura y áspera. Las manos en alto enarbolan tazas y copas reclamando provisiones con impaciencia. Cigarrillos frescos abandonan los paquetes y las atenciones se centran en Sabio.

-Ponme un sol y sombra -pide Ismael, el Sabio, mientras se humedece los labios satisfecho. Tiene al mundo, su mundo, pendiente de él.
-Con que un plato que se toma frío -escupe desdeñoso arrugando el sobre del azucarillo donde acaba de leer la frase-. Menuda soplapollez. Eso es como decir que la paella está mejor al día siguiente, una soplapollez.

Alguno remueve los pies inquieto. Alguno que piensa que, efectivamente, la paella está mejor al cabo de un tiempo.

-Querer vengarse es como cuando te dan un beso, cojones. ¿Sabéis lo que quiero decir?

Ni puta idea, pienso, apurando mi café.

-Sí, coño, un beso de calentón, de esos con lengua. ¿Qué haces? ¿Esperas a que se enfríe para devolverlo? Pues eres un gilipollas. Los besos en caliente y la venganza también, porque es cuando te lo pide el cuerpo. Si te han jodido y puedes joder devuelta, jode. -Toma el sol y sombra de un trago. Tiene el gesto enardecido. Tengo la sensación de que a Sabio se la han clavado y no soy el único que lo piensa. Hago un gesto pidiendo otro café, la escena vale la pena pero el de la barra no me hace ni puto caso.

-Es como aguantarte las ganas de cagar, si tienes que cagar, cagas y punto. Y en eso estoy yo, cojones. Que me cagoenlosmuertosdelmierdaese -suelta de una. Se detiene resoplando y con los ojos desorbitados. Luego saca un billete de cinco euros lo deja sobre la barra y se larga farfullando por lo bajo.
El silencio se va rompiendo con el sonido de encendedores, el repique de loza y el cristal contra las mesas y alguna que otra tímida tos. El de la barra me mira sorprendido de que aun esté allí, así que aprieto los labios y fingiendo un completo desinterés, me marcho.

Casi no puedo esperar a mañana.


Entrada Publicada el 6 de mayo del 2009 en Letras para Soñar.