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martes, 12 de enero de 2010

Año de Nieves...


-¿Dónde estará?

-Iba para su pueblo el fin de semana. Seguro que está aislado por la nieve o algo así.

-Joder, pues a ver dónde vamos.

Somos cuatro frente al Piojoso dando saltitos en la acera para ahuyentar el frío.

-Está la panadería esa que ponen cafés -sugiere uno con la nariz goteante.
-No dejan fumar.

-Pues por aquí está todo cerrado.
Al cabo de cinco minutos nos gruñimos un hasta luego resignado y cada cual se dirige a casa. Bueno, yo no. Yo ya no fumo, así que me voy a la panadería y pido un café. No aguanto demasiado. Mucha luz, gente entrando y saliendo que vocifera buen día como si por el hecho de gritarlo fuera a ser mejor. Las conversaciones sobre el pan, el frío, los niños, los mayores...

El café no está mal, eso que me llevo.

Espero que la nieve se derrita pronto.

martes, 17 de noviembre de 2009

La Colmena o consecuencias del Cierre del Piojoso


-Estoy cuidando a mi padre, el pobre está muy mal y mi madre ya no está para estos trotes. No, ella está bien, pero ya tiene una edad. Sí, ponme un café con leche... Aquí se puede fumar, ¿verdad? Es que mi madre no me deja en casa, que el humo la hace toser... ¡Qué mala es la vejez!

-¿Has visto el auncio del R.I.? Sí hombre, lo del respostaje inteligente... Pues el viejo que sale me pone de los nervios, no lo soporto con la chorrada esa del R.I. ¡Yo qué sé! pero me pone...

-Tómate el zumo, cariño, que tenemos que irnos. Sí, a la escuela de verano. Te gustará, ya lo verás. Ahí harás amiguitos y sólo serán unos días. No, no puedo, cariño, tengo que trabajar. Papá tampoco, que se casa el mes que viene. Está muy liado... o eso dice. Venga, cariño, sólo serán unos días, lo pasarás bien.

-¡Sí! ¡Dígame! No le oigo, hay un follón aquí de cojones. Vale, vale, iré enseguida. Ahora estoy ocupado pero decuide que en cuanto acabe voy. Sí, ya sé que es urgente, no tardo nada. Hasta luego... Ponme un café y una copa. ¿Tienes el periódico por ahí?

-¿La crisis? No hay crisis, te lo digo yo. Esto es todo una mentira de las empresas para quitarse de encima personal a bajo coste. Luego renegocian los contratos a la baja, la gente tan contenta y ellos a ganar pasta. Te lo digo yo.

-¿Me paga un café? Sólo un café y un cigarrillo, sólo uno. Gracias, gracias. ¿Me da uno para luego?

El Piojoso está de vacaciones...
Publicado el 25 de junio del 2009 en Letras para Soñar.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

AUSENCIA


—Sí, joder, tú como todos, te crees también que cuando lo pasas peor es con el llanto, los gimoteos y los sofocones. Con todo el mundo a tu alrededor dándote abrazos y recordándote cuánto lo sienten por si acaso se te fuera a olvidar. Y venga todos a llorar y a quejarse. Y luego lo de las paladas —devora el humo del cigarrillo—. Eso sí que es jodío. La tierra cayendo y te la imaginas con gusanos y… —el compañero, más joven, avergonzado, con pena, pero más avergonzado que otra cosa, le aprieta el brazo. Él se lo sacude con brusquedad.
—Es como si se detuviera el mundo y lo pudieras ver todo y no vieras nada. Vale, coño, luego lo superas. Pero sí te digo una cosa, a mí cuando llegue el momento me quemáis y mis cenizas al mar. —El otro asiente en silencio.
—Es más tarde cuando empieza lo jodido de verdad. Acostarte y abrazar el aire, preparar el desayuno para dos, que te llamen para salir y digas que lo vas a consultar con la jefa, llegar a mediodía y olisquear buscando la comida, ver algo que te llama la atención y no poder comentarlo... Algunos empiezan a hablar solos, yo por ahora me aguanto con un mecagoendiós. —Ríe gruñendo y luego da una rápida sucesión de caladas que interrumpe una tos breve y seca.
—Tomarte unas copas de más y que no haya nadie para cantarte las cuarenta, despertarte llorando a las tres de la mañana, ir a por el pan todos los días y dejar que se ponga duro porque era ella la que comía pan. —Aplasta el cigarrillo echando una mirada de rabia al otro—. Lo peor ya pasó —canturrea remedando sin duda, algo que le han dicho hace nada—. La última vez que fui a ponerle flores le pedí que me hiciera un sitio, que me había quedado solo. Lo peor no pasa nunca, nunca. —Y calla prendiendo un nuevo cigarrillo tembloroso.
Yo, súbitamente consciente de que tengo la atención fija en ellos, paso apresurado la hoja del diario...

El Dilema: ¿Forlán o Villa?

...simulando estar a la mía, y poco a poco, el mundo a mi alrededor va recuperando colores y sonidos: tazas repicando sobre los platillos, vasos golpeando las mesas, cucharillas cantarinas, voces exigentes, el ir y venir… Y los dos de la mesa de al lado, a un metro escaso de la mía, se difuminan como un mal sueño. Cierro el diario sin ganas de leer más, apuro los posos de la caña y corro a la salida con ansias de sol, aire fresco y de darle un abrazo a mi mujer.


Publicado el 3 de junio de 2009 en Letras para Soñar.

jueves, 29 de octubre de 2009

Café con Brandy



Huele a aceite refrito, humo denso, blasfemias esputadas y a macho sudoroso. Sí, estoy en un bar de currelas haciéndome una caña con un platito de bravas. ¡No veas qué buenas las bravas!
El tipo lleva gafas y juega con ellas de un modo que simula casualidad y que se adivina estudiado. Lo curioso es que las levanta sobre los ojos para leer y las baja para observar a su interlocutora –una rubia teñida bastante jamona ella- así que barrunto que las lentes no son más que un simple adorno. La chaqueta desabrochada sobre la camisa sin corbata y el pelo canoso cuidadosamente despeinado me confirman que estoy ante un tipo que quiere ser “interesante”. Un maduro atractivo, vamos. La jamona parece encontrarle su aquel al individuo, porque le ríe todas las gracias con carcajadas que sacuden su generoso escote. Ella también quiere ser interesante y cruza las piernas a la menor ocasión para solaz de los curritos que comen en la mesa de al lado. A uno en concreto le adornan unas mejillas bermejas que da gusto verlo.
Al poco una morena bajita, entrada en carnes, con una sonrisa tímida y una carpeta repleta de papeles se une a Interesante y Jamona. Bajita frisa los cuarenta y tantos y por la forma de actuar me da la impresión de que no está cómoda con sus acompañantes. Viendo la hora que es, la proximidad de un instituto y la carpeta de Bajita, diría que los tres son profesores que acaban de comer, pero tampoco podría jurarlo. Quizás sean vendedores de “tupperwares” a domicilio o un trío de asesinos despiadados…
La verdad es que no tengo ni idea y con la tele ofreciendo las últimas sobre la gripe porcina, pandemias y horrores varios se avecinan, apenas oigo de qué hablan. Entonces, justo cuando se acerca el camarero para retirar los platos de Interesante y Jamona y tomar notas de los cafés, alguien, harto ya de cerdos con resfriados, crisis económicas y Carla Bruni luciendo palmito (yo a esta le hubiera dado más tiempo antes de hartarme), ha apagado el televisor y puedo oír claramente el pedido de Interesante.
—A ver —se ajusta las gafas—. Yo tomaré un café tocado de brandy, pero no me pongas Soberano que me sienta como un tiro. Tú dile a Pepe —añade señalando al de la barra con las gafas—. Él ya sabe. Ella —prosigue señalando a Jamona—, un cortado corto de café y con la leche caliente.
Jamona asiente con una gran sonrisa de niña buena. Bajita va a hablar pero Interesante se le adelanta. —Tú un cortado con leche desnatada, ¿verdad?
Bajita confirma con la cabeza mientras exhibe una sonrisa nerviosa. Estoy seguro de que estaría más a gusto en cualquier otro lugar.
El camarero se acerca a la barra, llama a Pepe e indicando con un gesto a la mesa, canturrea:
—Un solo con gotita de lo que tengas a mano y dos cortados para las pavitas.
—¿Para mister Brandy? -pregunta el de la barra, socarrón.
—Sí.
—Vale, pues le dices que o paga hoy o…
—Lleva pasta, va a pagar.
Pepe frunce el ceño desconfiado, pero el otro reafirma lo dicho con un gesto, así que se vuelve y hace los cafés.
—Vale, ahí tienes.
Los cortados son eso, cortados de lo más normal y el café lleva un añadido de Soberano, que servidor ha visto la botella salir de debajo de la barra.
El camarero toma la bandeja con cuidado y se aproxima a la mesa.
—A ver —dice tomando un cortado—. Leche desnatada, ¿verdad? —le dice a Bajita.
—Y este con la leche caliente para usted —sigue con Jamona. —Y el café con brandy.
— ¿Qué me ha puesto Pepe? —pregunta Interesante con una amplia sonrisa de suficiencia.
Lo que le ha salido de las pelotas, me entran ganas de decirle.
—Torres —susurra el camarero guiñando un ojo—. Torres 10 años —añade mirando a su alrededor como si temiera que le oyera alguien.
La sonrisa de Interesante se hace más amplia y mira satisfecho a sus dos acompañantes que le observan, la una tímida y la otra lasciva. Acaba por sacar un billete de cincuenta euros y se lo entrega al camarero.
—Habla con Pepe —le dice enarcando una ceja—. Él ya sabe.
El camarero se acerca a la barra donde le aguarda Pepe. Le entrega el billete de cincuenta.
—¿Sólo esto? —pregunta incrédulo—. Nos debe más de cien.
—Bueno, bueno —repone el otro conciliador—. Paga lo de hoy y aun sobra. Seguro que mañana trae más.
—¡Me cago en los cojones! —exclama Pepe rodeando la barra—. Estoy hasta las pelotas.
Pero llega tarde, Interesante ya sale por la puerta con Jamona y Bajita.
Mecagoensusmuertos.
—Venga, Pepe. Sabes que siempre acaba pagando.
Pepe no responde, de pronto se ha fijado en mí, ahí acodado en la barra con toda mi descarada atención centrada en él.
—¿Otra caña, jefe? —me pregunta con recochineo al cabo de unos instantes largos y densos.
Salgo de mi ensimismamiento, echo una mirada al reloj, musito que es tarde, muy tarde y tras pagar la cuenta –dejo una buena propina, el espectáculo lo ha valido- me voy corriendo a tomar notas.

¡Coño, qué bueno!
Publicada el 29 de abril 2009 en Letras para Soñar.

lunes, 26 de octubre de 2009

Cabrones


En ocasiones o bien no me tomo el café en el Piojoso o bien la historia me surge en otro bar donde me tomo el segundo o tercer café. (Sí, soy un adicto a la cafeína). La siguiente historia transcurrió en otro de esos locales.


Durante mi café de media mañana, he "captado" una conversación entre dos tipos. A uno vamos a llamarlo Cabreao. Cabreao, vestido con un mono manchado de pintura, lucía una barba encanecida de tres o cuatro días y ojos rojos, muy rojos . Al segundo le llamaremos Amiguete. Este iba enfundado en un traje de pana angustiosa y con cada frase cabeceaba como esos perritos de los setenta que la gente colocaba en la parte trasera del coche.
Los dos estaban sentados a una mesa sobre la que se esparcían los restos de un almuerzo: migas de bocadillos, un par de olivas huérfanas, vasos con un poso de vino y servilletas arrugadas. Los dos mimaban dos copas con un líquido transparente en su interior. No parecía agua.
Eran las once de la mañana.

Cabreao: -No tiene ni puta idea de cómo se hace. Se lo he dicho mil veces y ni puto caso. que si el jefe ha dicho esto que si ha dicho lo otro. Ese no tiene ni puta idea.

Amiguete: -Es que los hay que van de sobraos.

C: -Nos ha jodío, le he dicho que así la iba a cagar. Yo así no puedo trabajar. ¡Niñato de mierda!

A: -Pues que se joda, ya somos mayorcitos.

C: -Me voy a echarle una mano antes de que la joda del todo. -dice resigando, echándole un vistazo al reloj.

A: -Tómate otra.

C vacila: -Es que el jefe igual se pasa a ver cómo nos va.

A: -¿Qué no puedes almorzar? Va, hostia, ¿qué prisa tienes?

C: -Pues sí, la va a joder igual. Pon dos más -pide al de la barra.

A: -¿Y de dónde han sacao al niñato?

C: -Ni puta idea, el muy capullo no habla mucho.

A: -A ver si es un tontito de esos, dan descuentos a las empresas por contratarlos.

C: -Pues no te digo yo que no. Al final la faena pa mí.

En eso, un chaval joven, casi imberbe, se asoma a la puerta. Mira de un lado para otro hasta localizar a "Cabreao" y "Amiguete".

-Que nos hemos quedao sin pintura -le dice a "Cabreao".

C. -¡Mecagoendió! ¿Ves cómo no me puedo menear? -le dice a Amiguete. Este cabecea.

-Ibas a traer más -musita el chaval.La mirada bermeja y algo extraviada de Cabreao le hace agachar la cabeza.

C.-¡Tira pa allá, hostia, que ahora voy yo!

El chaval obedece con gesto de alivio. Cabreao paga el almuerzo, le da una palmada a Amiguete que cabecea agradecido por la invitación, y se marcha cagándose en toda la corte celestial.

-Será cabrón -dice Amiguete al cabo de un rato.

-¿El chaval? -responde el dueño del bar con una media sonrisa.

-¡Qué va! El chaval no para. El cabroncete es este que no pega ni chapa.

Los dos se ríen. Yo apuro el café y me largo.

¡Joder, cuánto cabrón suelto!


Publicado el 16 de abril 2009 en Letras para Soñar