miércoles, 6 de enero de 2010

MANOS


En el barrio hay una presencia liviana como un suspiro que se presiente antes que verse.

Haga frío sobón o calor impertinente, luce siempre el mismo suéter de pico y colores rotos. Los vaqueros mugrientos se despeñan buscando donde aferrarse en las piernas magras hasta caer sobre los pies. Allí asoman las zapatillas que son de las llamadas pantuflas, de ir por casa. Estas hallan hogar en las aceras que encaminan sus adoquines a las puertas de los bares.

Camina a trancas como una marioneta de hilos flojos y se detiene cada pocos pasos. Es entonces cuando las manos buscan el aire. Manos de dedos largos, uñas rotas y negras que no arañan el aire, solo lo acarician conjurando quién sabe qué. Ella musita o canturrea y tiene la mirada más allá. Solo dura unos segundos, luego las manos caen a los costados, yertas, agotadas. Y ella se pone de nuevo en marcha asomando la cabeza por los bares y pidiendo para un café y también un cigarrillo. La voz es extrañamente infantil, aunque la mirada deshace enseguida la impresión.

-Hola, Isabel. ¿Cómo va? -el Piojoso sonríe abiertamente ofreciéndole un cigarrillo.

-Bien, esperando que llamen. -Prende el cigarrillo al que se agarra con fruición. Luego agradece el café que uno de los habituales ha pagado. Apura la taza del tirón y vuelve al pitillo con fuerza. Rompe a toser. Una tos húmeda presagio de tormentas.

-Cuidado, mujer. No deberías fumar -advierte uno a mis espaldas. No sabría decir quién. No puedo apartar los ojos de ella.

-¿Yo? Pecho de oro, estoy fuerte. -La mano aletea adiós.

-Bailaba -comenta la voz de antes. Esta vez me giro. Es uno al que llaman Mario: cuarentón, manos como palas y mirada lejana, amable.

-Y dicen que lo hacía bien -murmura el Piojoso-. Entonces la dejó el marido y mira...

-Qué cosas -gruñe Mario.

-Sí.

Y nadie dice más.

Salgo a la calle y al mirar calle arriba, la veo ahí parada agitando las manos como palomas.

Manos que buscan...

4 comentarios:

  1. A veces la soledad es un privilegio. Otras, es un vacío inmenso.

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  2. Cuando es una opción, es un privilegio. Pero no es el caso. Por cierto, la persona existe y lo descrito es real, lamentablemente.

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  3. Pobre Isabel, espero que no termine como la indigente que quemaron viva en un cajero de Barcelona. También se "perdió" por amor.
    Un personaje nuevo para el Piojoso, genial.

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  4. Precioso el mimo y lirismo con el que dibujas el personaje. No es nada fácil retratar el alma de alguien y acercarla al lector.

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